Proyecto de protección multisectorial ante la crisis humanitaria

QUEDARSE O HUIR: EL DRAMA DE LA MIGRACIÓN VENEZOLANA FRENTE A LA
EMERGENCIA SANITARIA

Por: Daniel Rueda, Presidente Fundación Alas de Colibrí

El dilema que tienen que vivir miles de personas migrantes venezolanas no ha terminado, por el contrario, día a día su lucha se vuelve más compleja y difícil de llevar. En su momento debieron huir de la violencia, la escasez y el desplome institucional de su país, buscando nuevas oportunidades de resurgir y volverse a construir en un país diferente, en un territorio donde la sociedad acoja sus sueños y esperanzas.

Ecuador, enmarcado en los postulados de su Constitución, les permitió el acceso libre y sin restricciones, reafirmando el principio de Ciudadanía Universal, el mismo que no ha cambiado. Tampoco ha sido visible una
modificación en los acuerdos firmados en materia internacional, estos se encuentran vigentes y ratificados en: la Convención de Ginebra, la Convención de Cartagena, entre otros instrumentos de protección de los derechos humanos de las personas migrantes.

Se podría afirmar que el cumplimiento de todas las garantías establecidas, tanto en las leyes nacionales como internacionales, es suficiente para que la población venezolana se encuentre en pleno goce de sus derechos; nada más alejado de la verdad. Ecuador y otros estados de la región han establecido políticas que limitan el ejercicio de derechos de la población migrante.

Ante estas medidas de carácter securitista, las personas buscaron alternativas para ingresar al país, ya que dichas formalidades no podían detener la esperanza, el amor y la ilusión de familias que buscaban reencontrarse, de amigos que deseaban volver a verse, de niños y niñas que deseaban estar junto a sus padres. Estas medidas provocaron: la irregularidad, el tráfico de personas y la separación familiar; profundizando así el dolor, la desesperación y la vulneración de derechos.

En Ecuador, en julio de 2019, a través del Decreto Ejecutivo 826, se estableció una Amnistía Migratoria, que incluyó la  condonación de deudas relacionadas a multas migratorias y la posibilidad de que las personas migrantes venezolanas adquieran una Visa Humanitaria a un costo accesible y con flexibilidad para la presentación de documentos. A pesar de ello y de otros males que viven los y las migrantes lejos de su tierra, con este Decreto se observó una pequeña luz de esperanza, sin embargo, este hecho no protegió en su totalidad sus derechos. Esta problemática se agudizó con la pandemia provocada por el COVID-19. La naturaleza nos ha demostrado, a fuerza, que somos únicamente sus inquilinos e inquilinas, que no existen fronteras, que todos y todas somos vulnerables, y que lo único valioso en nuestra vida son nuestras acciones  olidarias, desinteresadas, a favor de las otras personas.