Pankin decidió cambiar a una Vida Sin Violencia

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Varones empoderados aportan positivamente a la igualdad de género

Pankin como le llaman sus amigos es Franklin Padilla, un joven de18 años de edad. Alto, mide 1 metro y 80 cms, es de descendencia afroecuatoriana, vive en el valle del Chota, un lugar caliente de la Provincia de Imbabura, al norte del Ecuador, lugar donde se respira a fiesta a canto y alegría, esta comunidad es habitada por gente de sangre caliente, forma como ellos describen a la gente “negra” (afroecuatoriana). Pankin es hijo de Maria Teresa Espinosa, de 42 años, su padre es Franklin Padilla, de 52 años, tiene 5 hermanos: 4 mujeres y 1 varones: Gisela de 23 años, Dayana Patricia de 22 años, Jacqueline de 20 años, Julio de 16 y la menor, Ingrid de 14 años.

Franklin es un joven con una sonrisa amplia y ojos llenos de alegría y esperanza en su futuro prometedor. El nos cuenta… “Yo doy la vida por mis hermanos pequeños, un día estuve bailando “bomba” con mi hermanita Ingrid, cuando de pronto la vi que convulsionando en el piso, mi mamá vino enojada y me dijo “qué le hiciste” y luego descubrimos que ella sufría de epilepsia, me duele mucho que tenga esa enfermedad, yo daría mi vida para que nunca les suceda nada a mis hermanitos, menos a la más pequeñita, le quiero mucho y no sé qué haría si se fuera de mi vida”.

Desde muy pequeño fui “peliaringo” (belicoso, agresivo), me daba de trompones con otros niños, les pegaba a mis hermanas mayores, mi relación era muy mala con mis padres también, ya no me toleraban. Mis padres discutían mucho, mi madre tuvo un problema muy grave y tuvo que ausentarse de nuestro hogar, durante mucho tiempo pasamos solos en casa.

Salí de la escuela y mi madre volvió a casa y me inscribió en la Unidad Educativa Valle del Chota, en la que ahora estoy estudiando y curso el 3er año de bachillerato. El primer año me “jalé” (perdí), peleaba mucho, no me gustaba estar en clase, como mi pasión era el básquet me fugaba a jugar. Yo era molestoso y hasta patán, mi mamá fue a pedir ayuda en el colegio porque no me soportaban en casa. Yo veía que mi madre lloraba y sufría mucho. Todos estos años no he tenido buena relación con mis compañeros, no me llevaba con ellos, todo lo malo que pasaba, decían que era el “Padilla”, “Padilla es vago”.

Al inicio de este año lectivo, estuve jugando futbol en el colegio, de pronto se acercaron a mí dos licenciadas para invitarme a un taller de jóvenes, yo no quise ir, les dije que no, pero tuve que hacerlo. El primer día de este taller me sentí mal, pero conforme pasaban las horas, me fui dando cuenta de que yo era valioso y especial, a medida que continuaba asistiendo a los talleres, seguí cambiando mi forma de ser y pensar. Como parte de la programación fuimos a un campamento con los jóvenes “ Líderes en Acción”, nos divertimos, jugamos, descubrimos los talentos de los compañeros y compañeras, escuchamos historias de sus vidas y fuimos creando un vinculo muy estrecho entre nosotros.

Ahora me tienen confianza en el colegio, los licenciados me felicitan, dicen que se sienten orgullosos de mi. Mi autoestima es grande, aprendí que no me debo dejar llevar por malas influencias. Estoy feliz, hoy tengo amigos y amigas.

En Líderes en Acción aprendí a compartir mis ideas, a ser más cariñoso, a sentir amor, ya no me parecieron malos mis compañeros. Quisiera que otros compañeros también cambien; cuando van a pelear, les digo no peleen, ya no les dejo que se den de puñetes. Yo no dejo que se burlen de las personas, no quiero que les duela como a mí me dolía antes.

Descubrí que he cambiado, el amor me ha hecho una persona, valiente, honesta, respetuosa, ayudo en mi casa y también a otras personas, ahora me agradecen, me toman en cuenta, me dicen “Padilla es un buen amigo”, “cambiaste bastante eres una persona respetuosa, amable, hermano”.

En mi casa todos hemos cambiado, mi madre está más tranquila y felíz, aún está sorprendida con mi cambio, nos llevamos mejor con mis hermanas. Siento que debo ayudar a otras personas como a mí me ayudaron. Me siento feliz, ya no me siento presionado, siento el amor de los demás hacia mí y el amor en mi hacia a ellos.

CARE me ha motivado en este cambio, voy a conquistar las metas que me he propuesto, quiero ser policía y abogado, siento que lo lograré.