Quito, 20 de julio del 2026
Esta historia revela lo que realmente significa cuidar: no solo sobrevivir y reconstruir, sino transformar. Se trata del cuidado como justicia, dignidad y poder colectivo.
La vida de María siempre ha estado marcada por el cuidado. Su papá murió cuando ella era muy pequeña. Su mamá, lavandera, crió sola a cinco hijos hasta su repentina muerte. María tenía solo once años y de repente se convirtió en la cuidadora de sus hermanos menores siendo apenas una niña.
«Para mí no hubo infancia» dice con una sonrisa triste. «Había responsabilidad. La pequeña María tuvo que crecer muy rápido».
Dejó la escuela para trabajar y mantener a su familia. Al crecer en un barrio marginado, aprendió pronto que la dignidad había que defenderla colectivamente.
«Teníamos que luchar por el agua, la electricidad y el saneamiento», explica. «Ahí comenzó mi labor organizativa».
«Esa pequeña María forjó a la mujer que soy hoy», afirma.
Hacer visible lo invisible
Hoy, María es líder en la Plataforma de Mujeres Caminando hacia la Igualdad, una coalición de organizaciones de mujeres en Ecuador. La plataforma reúne a mujeres de comunidades rurales y urbanas, mujeres afrodescendientes, indígenas, campesinas, feministas y mujeres de otras identidades diversas. Se organizan sin jerarquías, sin presidentas, sin títulos de poder. Solo responsabilidad compartida.
«Caminamos juntas», dice María. «Así es como construimos el cambio. Solas, somos pequeñas. Juntas, podemos proponer y exigir cambios, e influir en ellos».
La plataforma se convirtió en un espacio donde las mujeres podían finalmente hablar de lo que siempre había sido invisible: el cuidado.
Durante la pandemia, la plataforma creó un espacio virtual llamado Voces desde casa. Cientos de mujeres se reunieron en línea para hablar sobre educación, salud, supervivencia y trabajo.
«Las mujeres estaban encerradas en sus hogares», dice María. «Necesitaban hablar. Necesitaban ser escuchadas».
Una y otra vez, una importante verdad se hizo innegable: el trabajo de cuidados recaía casi por completo sobre los hombros de las mujeres.
«Pero era invisible. No se reconocía», nos cuenta María. «La mayoría de las mujeres de nuestra plataforma son madres solteras y cabezas de familia, pero incluso las mujeres con pareja hacían casi todas las tareas domésticas solas».
A través de sus propias experiencias y de su trabajo junto a las trabajadoras domésticas, María comprende lo que significa que el trabajo de cuidados esenciales pase desapercibido y se infravalore.
«Las mujeres decían: «No hago nada. Solo me quedo en casa»», recuerda. «Y nosotras les respondíamos: «No. El cuidado es un trabajo. Es lo que sostiene la economía. Es lo que sostiene la vida»».
El trabajo de cuidados, explica, contribuye más al país que muchas industrias, pero sigue sin estar remunerado, sin ser visible y sin estar protegido.
Así que decidieron politizar el cuidado.

María presentó la Agenda Feminista de Quito a líderes municipales y legisladores en 2024. Foto: © 2024 Ximena Troya / CARE
Del trabajo de cuidados al cambio colectivo
Juntas, María y sus compañeras elaboraron la Agenda Feminista para Ecuador que se convirtió en su hoja de ruta hacia la justicia.
«La presentamos ante la Asamblea Nacional», dice con orgullo. «Exigimos que el trabajo de cuidados fuera reconocido en los presupuestos públicos. Exigimos que el Estado invirtiera en servicios para niños, personas mayores y personas con discapacidad. Porque cuando existen los cuidados, las mujeres pueden trabajar, estudiar y vivir con dignidad. Cuando no existen los cuidados, las mujeres quedan atrapadas».
También crearon agendas feministas locales en ciudades como Quito, Guayaquil y Cuenca, presionando a los gobiernos municipales para que pensaran más allá del hormigón y los edificios y se centraran en las personas, la dignidad y el cuidado.
«No vamos a pedir limosna», dice María. «Vamos a exigir. Porque son nuestros derechos, y los derechos no son regalos; son obligaciones».
Hacer que el poder nos escuche, dice, ya es una victoria.

A pesar de las dificultades y desigualdades a las que se enfrentan, María afirma que las mujeres con las que trabaja se sienten orgullosas «porque ahora no caminamos solas. Caminamos con nuestras compañeras». Foto: Brooks Lee/CARE
La respuesta es clara
María dice que sueña con «un mundo en el que caminemos sin pisar a nadie. Donde la dignidad no sea negociable. Un mundo en el que vivamos cuidándonos unos a otros. Hay esperanza en saber que los jóvenes están tomando las riendas de la lucha».
Cuando alguien pregunta: «¿A quién le importa la dignidad?»,
La respuesta es clara.
A María.
Le importa lo suficiente como para convertir el trabajo invisible en acción política.
Le importa lo suficiente como para organizarse, exigir y caminar junto a otras mujeres hacia la igualdad.
En una época en la que los derechos que tanto ha costado conseguir se ven amenazados, María se niega a dar marcha atrás.
«Puede que no siempre avancemos», dice, «pero nunca permitiremos que nos hagan retroceder».
A CARE también le importa.
Siempre estamos ahí, apoyando a las mujeres que no solo sobreviven, sino que también construyen un futuro más justo.
Somos CARE. Siempre ahí.

